Olvidaste el tiempo
Cuando piensas en la muerte, ¿en qué piensas realmente?
Quizás en el final. El telón que cae, las luces que se apagan. Un punto final a la historia que eres. Piensas en la ausencia, en el silencio, en el “no ser”. Es un pensamiento vertiginoso, sin duda. Un abismo. Pero es un abismo que tu mente, de alguna manera, puede delimitar. Lo concibe como un evento, una transición de la existencia a la nada.
Pero en esa imagen del final, has olvidado algo. Has olvidado el tiempo.
O, más bien, has olvidado su ausencia, que es una presencia mucho más imponente. Tu mente está acostumbrada a medir la vida en fragmentos: días, años, décadas. Incluso el “para siempre” de tus cuentos lo imaginas como una línea muy, muy larga. Pero eso no es la eternidad. Es solo más tiempo.
La muerte no es un momento, es un estado. Y si ese estado es la nada, ¿cuánto dura la nada?
Intenta imaginarlo. No un millón de años. No un billón. Esos son números, y los números son consuelos finitos. Intenta imaginar un tiempo sin medida, un “después” que nunca se consume. Un océano de silencio que no tiene orillas.
La literatura y la filosofía han coqueteado con esta idea, a menudo presentando la inmortalidad no como una bendición, sino como una condena. La carga de la eternidad, el peso de incontables ayeres y la abrumadora perspectiva de infinitos mañanas, puede llevar a la locura, al tedio y a una profunda soledad.
Cuando la gente habla de un “descanso eterno”, quizás sin saberlo, están intentando ponerle un límite a lo ilimitado. Pero la eternidad no descansa. No tiene pulso. Es.
Así que la próxima vez que el pensamiento de la muerte te visite, no te detengas en la puerta del final. Atrévete a mirar más allá. No pienses en el acto de morir, sino en el estado de estar muerto.
Siente el peso de un segundo que se estira hasta que el sol se enfríe. Imagina un pensamiento que se desvanece en un eco que dura más que las galaxias. Contempla un vacío que persistirá mucho después de que la última estrella se haya extinguido en el tapiz del universo.
Ese es el vértigo que has estado evitando. No es el miedo a dejar de ser, sino el terror a ser en un estado de perpetuidad, ya sea consciente o inconsciente. Es el enfrentamiento con un concepto que nuestra mente, diseñada para principios y finales, simplemente no puede procesar.
Has estado pensando en la muerte como un punto final.
Es hora de recordar que podría ser un espacio infinito. Y en ese espacio, el tiempo, tal y como lo conoces, ya no existe. Solo queda la duración.
Eterna.
Gemini 2.5 Pro